DE LO ESPIRITUAL EN LA MAGIA I

Un espectador entra en la sala. Ha sido invitado a una extraordinaria gala mágica. Una de esas galas mágicas con las que soñaba Robert-Houdin cuando proclamaba lo maravilloso que sería un futuro donde se realizasen actos de varios magos en escena, cada uno mostrando sus maravillas (Los secretos de la prestidigitación. Robert-Houdin. Pág. 37. Librerías “París-Valencia S.L.”). Nuestro espectador disfruta del espectáculo, lo pasa bien, se ríe, se sorprende, se asusta, se emociona y queda perplejo. Tiene una grata experiencia. Una experiencia, digamos, inolvidable. Finalmente, nuestro amigo sale del teatro y vuelve a la vida cotidiana. Sale con las mismas esperanzas, desesperanzas, motivaciones y desmotivaciones para afrontar su vida con las que entró.

Durante una hora y media, nuestro protagonista ha olvidado sus problemas y sus obligaciones. Ha tomado un respiro para continuar su camino con el añadido de una grata experiencia en su vida. Sólo por eso, ya podemos decir que la gala de magos ha cumplido su función: entretener.

El espectador ha disfrutado el formato del espectáculo y la magia que contenía como se disfruta una rica hamburguesa. Él tenía necesidad de ingerir entretenimiento y ha obtenido entretenimiento. Ha presenciado actos bellos y brillantes, pero algo no se ha producido. Su alma que entraba hambrienta, se va hambrienta. “El hombre que podría haber dicho algo al hombre no ha dicho nada, y el que podía oír no ha oído nada”.

Kandinsky nos presenta su visión de la experiencia de un espectador dentro de una exposición de numerosos cuadros de diferentes artistas:

… las personas van de un lienzo a otro, los miran y leen los nombres. Luego se marchan, tan pobres o tan ricas como entraron, y son absorbidas inmediatamente por sus intereses, que no tienen nada que ver con el arte.

Hoy día nos encontramos en la magia ante un período que ya tuvo nombre en la pintura: l´art pour l´art. Ese período en el que los afanes puramente prácticos, el materialismo, se coloca por encima de la idea de arte “puro” como herramienta extraordinaria del hombre para transmitir emociones profundas a otros hombres y se toma éste con un carácter “gratuito” en el que el arte existe sólo para el arte. El arte se preocupa sólo de mantenerse a si mismo, y lo consigue divirtiendo. Curiosamente, divertir y misdirection significan lo mismo. Dirigir la atención hacia otro lado. El arte como medio de distracción para que los espectadores olviden sus problemas. Pero la unión entre las almas a través del arte queda anestesiada. El espectador no ve en la magia más que entretenimiento y el artista no busca otra cosa que la recompensa material o egocentrista.

En lugar de realizar un trabajo profundo y solidario, el artista dedica sus energías a luchar por la ambición y la codicia. En el mundo mágico existe una queja generalizada por el exceso de competencia, por lo que debe cobrarse por una actuación, por lo mal que dejan unos y otros al negocio de la magia (porque en estos ambientes no se refiere al arte de la magia sino al negocio de la magia, y ese no es el tema que nos ocupa). Y esto deriva en el odio, el partidismo y los celos como consecuencia de un arte mágico que ha perdido su sentido y se ha transformado en un arte materialista, en negocio. Como consecuencia: “el espectador se aparta tranquilamente del artista, que no ve la finalidad de su vida en un arte sin metas, y se va en busca de objetivos más altos.” El artista y el espectador cada vez se comunican menos en el lenguaje del alma al que sólo el arte puede servir como medio. Dejan de entenderse y entonces el espectador acaba por volverle la espalda al artista.

El artista debe tener algo que decir porque su deber no es dominar la forma sino adecuarla a un contenido.

El ilusionista debe tener algo que decir, porque su deber no es dominar los diferentes juegos de magia, sino adecuarlos a un contenido. Pero no un contenido consciente y racional, pensado y metido con calzador que nos lleva a un resultado intelectual carente de vida. No. La vida interior del artista debe salir y expresarse sola. La técnica debe estar superada y servir únicamente de vehículo para que el alma se pueda comunicar. “Cuando el alma del artista vive, no necesita el apoyo de las teorías y de la cabeza”. Como dijo el pintor suizo Böcklin: “la reflexión, construcción y composición deben ser fases previas preparatorias pero la verdadera obra de arte debe ser como una gran improvisación.” Tamariz, a este respecto, nos transmite que durante la actuación, el mago debe dejar que todo el trabajo previo cumpla su cometido sin reparar en él y estar en cuerpo y alma con el público. Ascanio nos recuerda una cita de Juan Ramón Jiménez cuando dice que el arte consiste en “someter lo espontáneo a lo consciente” (La psicología del empalme. Arturo de Ascanio).

El fin del mago, por tanto, no es dominar la técnica inherente a la magia (sea digital o no digital), ni las técnicas de la escena (iluminación, vestuario, movimiento escénico, presencia, etc.). Como hemos dicho, éstas técnicas debieran estar superadas. Al igual que se deben aprender las técnicas del lenguaje hablado para transmitir ideas a los demás. Y cuanto más se domina el vocabulario, la gramática, la pronunciación, la entonación, el ritmo y las pausas, más precisas y sutiles son las ideas que se pueden transmitir. Pero una vez que domina la técnica, al menos lo suficiente como para poder crear ilusiones, el mago debe, como artista, como comunicador, como ser humano, tener algo que decir. Tener una riqueza interior. Tener un discurso. Digamos, posicionarse ante la vida y el mundo que le rodea.

En sus escritos, Kandinsky hace una referencia al ilusionismo: “el espectador, o le vuelve la espalda al artista o le mira como a un ilusionista cuya habilidad e ingenio admira.” Kandinsky escribía estas palabras en 1911, época en la que la edad de oro de la magia caía en declive dando paso al auge del hijo directo de ésta, lo que por entonces no era más que otra “curiosidad” digna de ingenio y admiración, el cine.

Pero de lo que aquí se trata es de desarrollar el arte de la magia y trascender a la admiración y al ingenio como hizo el cine y desarrollar un lenguaje artístico propio. Encontrar las bases del lenguaje de la magia es lo que nos ocupa en este momento. Los trabajos de Houdin, Vernon, Ascanio, Tamariz y toda la Escuela Mágica de Madrid plantan los cimientos necesarios. Gabi Pareras abre la puerta que da paso a una corriente de aire fresco que trae nuevos horizontes. Pero, aunque aquí no aparezcan por razones de espacio y por no caer en el tedio de un texto ya árido de por si, no olvidemos a todos los que han participado y participan en esta misión ardua pero hermosa. Grandes artistas que con su ejemplo han demostrado y demuestran que hay mucho por descubrir.

Espero en próximos artículos ir ahondando en este terreno por lo que pudieran contribuir y dar algo de luz al estudioso del arte de la magia, y a esas almas inquietas que peregrinan en la búsqueda de un lenguaje basado en la fascinación del imposible a través del cual comunicarse con el mundo. Hasta entonces, sigamos disfrutándola, porque es infinita y maravillosa.

Bibliografía:
De lo espiritual en el arte. Wassily Kandinsky. 2ª reimpresión, 1997. Eds. Paidós Ibérica, S.A.

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